Las conductas desafiantes a veces nos desbordan emocionalmente como cuidadores. Es fundamental comprender que no son un "mal comportamiento", sino una forma de comunicación cuando al niño o niña le faltan herramientas más asertivas.
Toda conducta tiene una función
Según los principios de la conducta planteados desde la ciencia ABA, una conducta se repite porque de alguna manera le resulta funcional a la persona. Puede estar intentando esquivar una demanda que siente inabarcable, buscando acceso a un objeto de interés, requiriendo atención o tratando de regularse sensorialmente ante un ambiente que abruma.
Prevención y anticipación activa
El mejor momento para intervenir en una conducta desafiante no es cuando ocurre, sino antes. Trabajar en modo preventivo es la técnica más efectiva, y la que anticipa y organiza la conducta en los diferentes contextos naturales. Algunos pilares incluyen:
- Apoyos Visuales: Anticipar secuencias con imágenes claras reduce exponencialmente la ansiedad que provoca lo inesperado.
- Refuerzo de conductas alternativas: Enseñar conductas alternativas a las problemáticas, que mantengan la misma función pero sean conductas funcionales al entorno.
- Facilitar la comunicación: Si no dispone de lenguaje oral fluido, asegurar que tenga a mano paneles de comunicación para pedir lo que necesita evita escaladas tensionales.
¿Qué hacer durante la crisis?
Ante todo: disminuya la cantidad de palabras. En pleno desborde, el cerebro lingüístico se “apaga” y el cerebro más impulsivo toma el control; brindar explicaciones largas allí suele empeorar la crisis. Mantenga una postura de cuerpo serena, prevenga daños físicos y ofrezca una presencia firme pero afectuosa sin sumar demandas hasta que el niño se calme completamente.